Silenciosos, clamamos por la libertad, escondidos nos impregnamos de humanidad, demostraciones de luchas atribuidas al poder, ego o gloria, sucedidas a través del tiempo por los hombres, llegan a nosotros, retratadas de infinitas formas, como tantas formas tiene la humanidad de convivir y vivir la herencia. Sin embargo, una es la forma, de saber de manera mas completa y cercana a lo verdadero, una es la forma en donde se logra una euritmia con lo vivido por lo hombres épocas atrás, y esta forma, la cual atribuyen su nacimiento a tribus Arias algunos, es la escritura, un desarrollo humano asombroso, que nos ha llevado a retratarnos, analizarnos y encantarnos con experiencias prodigiosas.
Escritos son, los que nos muestran lo que somos como humanidad, escritos o relatos que contienen expresivas vivencias de tiempos en que el sentimiento lograba mover ejércitos de innumerables hombres por la lucha, de lo justo o quizás de lo injusto.
Grato es hoy en día lograr introducirse en épicos acontecimientos, en donde uno hábilmente vive la época y logra introducirse hasta en los más recónditos sentimientos.
Grato es hoy en día, ver al hombre siguiendo costumbres, nacidas como nacen las costumbres de un naufrago en una isla solitaria, hace ya miles y miles de años atrás.
Así, como el diamante se pule, el cobre se refina, la humanidad, pareciese que sigue un camino similar, en donde miles de guerras han descascarado las razones y justificaciones de estas mismas. ¿Cómo poder vivir, como un hombre que olvida su niñez? Pareciese que no tener ninguna noción de lo sucedido en nuestro crecimiento, como humanidad, es algo insano. Pero en nuestra sociedad tenemos pilares anclados a este conocimiento, conocimientos que llegan a nosotros, como viaja la semilla a través del viento de vez en cuando.
Si es que, como dicen mucho en la actualidad, que llegara el tiempo en que no tengamos hogar donde vivir, espero Dios se apiade y nos entregue uno, ojala tan confortable como este. Pero, ¿dónde dejamos nuestras pertenencias?, tal pareciese que años de vivencias y trabajo se quedan. Espero, que al llegar al nuevo hogar, si es que lo tenemos, tengamos una persona tan inteligente, fuerte y sensible a la vez, conocedora de la historia, que pueda, como Homero, relatar épicos acontecimientos.